La primera conversación no es una entrevista ni un formulario. Es el momento en que ordenamos lo que ya tienes en mente: fechas aproximadas, con quién viajas, cuántos días reales puedes mover y qué tipo de paisaje te llama más. No hace falta tenerlo todo resuelto, pero sí saber qué te importa y qué no.
Antes de escribirnos, revisa tres cosas concretas. Primero, tu ventana de viaje: no solo el mes, también los días que puedes dedicar a traslados largos. Segundo, el ritmo que toleras: hay quien quiere cenotes y selva en la misma semana, y hay quien prefiere quedarse tres días en un solo pueblo del Bajío. Tercero, la temporada: en la península la lluvia cambia el acceso a varios cenotes, y en el Eje Neovolcánico la visibilidad de los volcanes depende de la hora y del mes.
Si viajas con niños, con adultos mayores o con alguien que no camina bien, dilo desde el inicio. No es un detalle menor: define si conviene una ruta por centros históricos con calles planas o un recorrido de miradores a los que se llega en auto. Con esa información podemos proponerte algo realista en lugar de un itinerario que se ve bien en papel y se cae al segundo día.