La primera suele ser sobre el clima, y con razón. México no tiene una temporada única: en enero la costa del Pacífico está seca y luminosa, mientras el sureste sigue con lluvias intermitentes y selva muy verde. Si el viaje gira alrededor de cenotes, conviene revisar el nivel del agua después de la temporada de lluvias. Si lo que interesa son los volcanes del centro, la visibilidad cambia por completo entre la mañana temprano y el mediodía.
Otra pregunta frecuente: cuánto tiempo dedicar a cada tramo. Los centros históricos del Bajío se recorren bien a pie en dos o tres días, pero los desiertos del norte piden jornadas largas de carretera y menos paradas. No hay una fórmula que sirva para todo. Preferimos armar el ritmo según lo que quieras fotografiar, no según un itinerario cerrado.
Y la tercera, quizá la más útil: qué esperar de las fichas y los mapas que enviamos antes de salir. No son guías cerradas, son material de trabajo. Incluyen accesos, horarios de luz, restricciones locales y notas sobre vegetación o terreno. Si algo no encaja con tu plan, se ajusta.